EL ARTE Y EL OFICIO

El Uruguay, pródigo en artistas, sigue generando talentos. Detrás del rastro indeleble de sus grandes maestros, Blanes y Sáez en el siglo XIX., Torres García, Barradas, Figari, Blanes Viale y Cúneo en el siglo XX, las generaciones se suceden produciendo sorprendentes revelaciones. Como siempre en los artistas uruguayos, sus realizaciones son atemperadas, sin estridencias ni novelerías. Como siempre también, todos ellos son cultores del buen oficio artístico, del saber hacer las cosas, de no deslizarse al efectismo fácil sino encontrar la adecuada solución plástica a través de una búsqueda paciente y fervorosa. Alumnos a su vez de sólidos maestros, de esos que todavía abundan en un Uruguay poblado de talleres académicos, el manejo fluido de los lenguajes artísticos les da, como es natural, la libertad para expresarse sin amaneramientos ni rigideces intelectuales.

Martha Escondeur trabaja la arcilla en la cerámica, el yeso y el mármol en la escultura, el pincel y la espátula en la pintura, recorriendo así todos los caminos del oficio artístico. Sin embargo, su mayor empeño está hoy en la pintura, donde se instala ante el mundo desde una óptica realista, transitando en la indagación humana. A veces lo hace buceando en los estados espirituales, búsqueda íntima de la psicología reflejada en bellos rostros, ese motivo que los renacentistas llevaran a la cumbre en las vírgenes rafaelistas o las mujeres boticellianas y que desde hace ya años parece estar vedado para los artistas, a quienes el canon contemporáneo impone drama y decadencia. Bien sabemos que si el arte no es sinónimo de la belleza tampoco podemos llegar a la paradoja actual de que la belleza nunca pueda estar presente en el arte. Cerca de esta actitud, incursiona en el retrato, espontáneo, suelto, con una presencia lumínica esencial en su lenguaje, no sólo para modelar volúmenes sino para aportar una atmósfera que envuelve al personaje. La mirada costumbrista le ha llevado también al tango, con su sensual estilo de danza, y al clásico “boliche” rioplatense, esa versión tristona del “pub”, en que el alcohol y la soledad parecen dialogar más allá del tiempo. Hemos hablado de realismo, porque hay una inclinación hacia la realidad como motivo, pero no de naturalismo, porque la mirada va siempre más allá de la apariencia; no es el detalle lo que se realza sino el rastreo anímico, la actitud existencial.

JULIO MARIA SANGUINETTI
Ex Presidente de la Rca. Oriental del Uruguay